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Lo que de verdad significa estar «certificado» en Pilates

En fisioterapia hay un examen de estado y un colegio profesional que responde por ti. En Pilates hay una docena de escuelas privadas, cada una con su propio criterio de qué cuenta como suficiente. Casi nadie te lo explica antes de reservar tu primera clase.

Empecemos por una comparación incómoda. Si te rompes un tobillo y vas a un fisioterapeuta, sabes —sin necesidad de preguntarlo— que esa persona ha aprobado un examen de colegiación estatal, que responde ante un organismo regulador, y que existe un itinerario formativo mínimo fijado por ley antes de que pueda tocarte la articulación. Si te apuntas a una clase de Pilates y la profesora se presenta como «certificada», no sabes prácticamente nada de eso. Podría tener dieciséis horas de formación o podría tener ochocientas. Ambas personas, legalmente, pueden llamarse a sí mismas exactamente lo mismo.

Por qué no hay una sola escuela

La razón tiene una fecha concreta: el 19 de octubre de 2000. Ese día, la jueza Miriam Cedarbaum, del tribunal federal del distrito sur de Nueva York, falló en el caso Pilates, Inc. contra Current Concepts que la palabra «Pilates» era un término genérico —como «aspirina» o «termo»— y no una marca que una sola empresa pudiera controlar. Hasta entonces, el propietario de los derechos había intentado impedir que miles de profesores usaran la palabra para describir lo que enseñaban. La sentencia, de noventa y tres páginas, liberó el nombre para cualquiera. Y con él, liberó también la posibilidad de que cualquier organización abriera su propia escuela de certificación sin pedirle permiso a nadie.

Eso es exactamente lo que ocurrió. Hoy conviven, entre otras muchas, Balanced Body —también el mayor fabricante de aparatología del sector, con un programa integral de algo más de 450 horas—, Polestar Pilates —fundada por el fisioterapeuta Brent Anderson, que cruza el método con ciencia del movimiento, en torno a 500 horas—, STOTT Pilates —hoy bajo la marca Merrithew, un enfoque contemporáneo muy anclado en biomecánica, desarrollado con asesoría fisioterapéutica— y BASI Pilates —fundada por Rael Isacowitz, la más próxima al canon clásico, con programas que pueden superar las 800 horas. A ellas se suman escuelas que se reclaman herederas directas del linaje de Romana Kryzanowska, como Power Pilates o Romana’s Pilates. Cada una decide su propio plan de estudios, su propio examen final y su propio criterio sobre qué anatomía, qué patologías y cuántas horas de prácticas supervisadas hacen falta antes de soltar a alguien en una sala llena de clientes.

Podría tener dieciséis horas de formación o podría tener ochocientas. Ambas personas, legalmente, pueden llamarse a sí mismas exactamente lo mismo.

El intento de poner orden

En 2001 nació la Pilates Method Alliance (PMA), una asociación profesional sin ánimo de lucro que en 2005 lanzó el único examen de certificación de terceros acreditado a escala nacional en Estados Unidos: el que hoy se conoce como NCPT, Nationally Certified Pilates Teacher. Es, en teoría, lo más parecido a un estándar único que existe en el sector. En la práctica, sigue siendo voluntario: ningún estudio está obligado por ley a exigirlo, ninguna instructora está obligada a presentarse a él, y buena parte de la profesión ejerce sin haberlo hecho nunca. La PMA marca un techo de referencia; no es una puerta que haya que cruzar para empezar a trabajar.

Lo que esto significa para quien llega sin saberlo

Nada de esto convierte al Pilates en una farsa. La fragmentación también ha producido riqueza: escuelas que compiten por ser más rigurosas en anatomía, otras que preservan con obsesión el orden exacto de los ejercicios que enseñaba Joseph Pilates, otras que han incorporado décadas de fisioterapia moderna a un método pensado en los años veinte. Pero sí significa que la palabra «certificada» no lleva incorporada ninguna de esas garantías. No dice cuántas horas de anatomía ha cursado la persona que te va a colocar en un Cadillac por primera vez. No dice si su formación cubrió el embarazo, la osteoporosis o una hernia discal. No dice, siquiera, si su certificación cubre el aparato en el que estás a punto de tumbarte, o solo la colchoneta.

La pregunta razonable —la que casi nadie hace en la sala de espera de un estudio— no es «¿estás certificada?». Es con qué escuela, cuántas horas, y si esa formación incluyó lo que a ti concretamente te preocupa. En un sector sin colegio profesional, esa pregunta es la licencia más parecida a una que existe.

Cuaderno de campo

  • 19 oct. 2000Fecha del fallo judicial que declaró «Pilates» término genérico, abriendo la profesión a cualquier certificador.
  • 450–800+ hRango de horas exigidas por los principales programas de certificación integral, según la escuela.
  • 2005Año en que la Pilates Method Alliance lanzó el único examen de certificación de terceros acreditado a escala nacional en EE. UU. — voluntario, no obligatorio.
FuentesSentencia Pilates, Inc. v. Current Concepts, Inc., 120 F.Supp.2d 286 (S.D.N.Y. 2000) · Pilates Method Alliance, pilatesmethodalliance.org · Comparativa de horas de programas de Balanced Body, Polestar Pilates, STOTT Pilates/Merrithew y BASI Pilates según los materiales públicos de cada organización y guías del sector. Cronología legal y de organismos verificada; no existe una fuente única que compare todas las escuelas bajo los mismos criterios.

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