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Movimiento y Cultura

Por qué el Pilates se convirtió en símbolo de estatus

Cuarenta dólares la clase, listas de espera, un vocabulario de «quiet luxury» aplicado al sudor. Cómo el método que nació de un hombre encerrado en un campo de internamiento terminó siendo la nueva forma de vestir la riqueza — y qué se queda fuera.

Cuarenta dólares. Es lo que cuesta, de media, una clase suelta en un estudio boutique de Pilates en las zonas más cotizadas de Estados Unidos —el dato circula ya en la prensa económica como abreviatura de un fenómeno más amplio—. Compárese con los quince dólares al mes que cuesta un abono completo en una cadena de gimnasios de bajo coste: una sola clase de Reformer equivale, en dinero, a más de dos meses de acceso ilimitado a otro tipo de gimnasio. La distancia entre ambas cifras no es un detalle de mercado. Es el mensaje.

El sudor como vocabulario de clase

En 2023, el término quiet luxury —lujo silencioso— entró en el vocabulario común de la moda, popularizado en buena medida por el vestuario de la serie Succession: cachemira sin logo, colores neutros, la riqueza que se reconoce por el corte, no por la marca. Lo que ha ocurrido después es que ese mismo lenguaje ha migrado del armario al cuerpo entrenado. Los calcetines antideslizantes de marca, el mat de determinado color, el vaso térmico exacto que se lleva a clase: no son accesorios funcionales, son un uniforme tan legible como cualquier logotipo, solo que más caro de descifrar para quien no está dentro del código.

Hay una lógica de fondo, y no es nueva: cuando la comida ultraprocesada es barata y la comida real es cara, cuando el tiempo libre para entrenar es un lujo que no todos los trabajos permiten, la delgadez y la forma física dejan de ser solo estética y se convierten en una señal de autocontrol —y el autocontrol, en la cultura de consumo, siempre ha sido una forma de estatus—. Algunos análisis recientes sobre el gasto de las élites en salud lo dicen sin rodeos: clases de Pilates de cuarenta dólares en la misma frase que los goteos intravenosos a domicilio o los tratamientos estéticos más caros. El cuerpo entrenado ha sustituido, en parte, al bolso de marca como marcador visible de dinero disponible.

Una sola clase de Reformer equivale, en dinero, a más de dos meses de gimnasio de bajo coste.

La industria que lo hizo posible

Esto no habría escalado sin una infraestructura de negocio deliberada. Club Pilates, la cadena que pertenece al gigante de franquicias Xponential Fitness, ha superado ya el millar de estudios en el mundo y sigue abriendo a un ritmo de un centenar al año. Solidcore, que ha evitado el modelo de franquicia, mantiene alrededor de ciento treinta estudios propios en Estados Unidos y ha levantado 325 millones de dólares en crédito para acelerar su expansión, con el objetivo declarado de llegar a 250 locales en 2028. Son cifras de capital privado entrando en un sector que hasta hace una década vivía sobre todo de estudios independientes de barrio. El Pilates es, hoy, el entrenamiento más reservado en ClassPass por tercer año consecutivo, con las reservas de Reformer creciendo un 71% interanual. La demanda es real. También lo es el precio que fija quién puede satisfacerla con regularidad.

Lo que se queda fuera

Aquí conviene recordar de dónde viene el método —esta misma revista lo ha contado—: nació en un campo de internamiento de la Primera Guerra Mundial, con muelles atados a somieres de enfermería, pensado para cuerpos débiles y confinados, no para clientelas selectas. Joseph Pilates no diseñó Contrology como símbolo de nada; lo diseñó como herramienta. Que su nombre termine asociado a un vestíbulo con velas aromáticas y una lista de espera no es una traición inevitable de todo método que triunfa, pero sí tiene un coste concreto: cuando el precio de entrada es un filtro de clase, el criterio de quién se beneficia del método deja de ser quién lo necesita y pasa a ser quién puede pagarlo. La tendencia viral conocida como pilates princess —pastel, cuidada, con más de cuarenta millones de publicaciones en TikTok— ha llevado esa estética hasta una casa como Celine, que lanzó su propia colección cápsula vinculada al Pilates. Es la prueba de que el círculo se ha cerrado del todo: de la enfermería de Knockaloe a la pasarela.

Nada de esto invalida el método. El dolor lumbar mejora, el control motor mejora, el equilibrio mejora, con Pilates o sin marca en el mat. Pero una revista que se toma en serio este espacio no puede callar que, tal y como está montada hoy la industria, acceder a esos beneficios de forma regular tiene, cada vez más, un precio de entrada que no todos los cuerpos pueden pagar. Eso también forma parte de la historia.

Cuaderno de campo

  • 40 $Precio medio citado para una clase suelta en un estudio boutique de Pilates en EE. UU.
  • 15 $Cuota mensual de una membresía básica en una cadena de gimnasios de bajo coste — menos que una sola clase boutique.
  • 1.000+Estudios de Club Pilates en el mundo, la mayor cadena del sector, abriendo a un ritmo de un centenar al año.
FuentesPrecio de clases boutique y comparativa con cadenas de bajo coste — Fortune / Yahoo Finance, «The wealthy 1% are turning to new status symbols that can't be bought» (2025); Planet Fitness, tarifas públicas de membresía · Expansión de Club Pilates (Xponential Fitness) y Solidcore — Athletech News, Franchise Times, 1851 Franchise (2025) · Reservas de Pilates y Reformer en ClassPass — informe de tendencias ClassPass (2025) · Origen del término «quiet luxury» — cobertura de moda sobre el vestuario de Succession, 2023 · Tendencia «pilates princess» y colaboración de Celine — Hypebae (2024).

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